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Nicolás
Peyre, director de actividades culturales de la Alianza Francesa en Buenos
Aires, introdujo la charla, y Esteban Alvarez presentó a los integrantes
de la mesa.
Andrea Giunta
Voy a hacer un mapa tentativo acerca de las condiciones del coleccionismo
en la Argentina tratando, también, de plantear algunos de los problemas
que pueden pensarse a partir de las modalidades que el coleccionismo tiene
en la Argentina. Solamente quisiera proponer algunas reflexiones acerca
de las condiciones del coleccionismo en la Argentina: tanto del coleccionismo
público como del coleccionismo privado.
Yo diría que las colecciones públicas en la Argentina se diseñan en
la tensión entre azar y diseño. Lo deseable para una colección pública
(cuando hablo de colecciones públicas estoy refiriéndome a las colecciones
de los museos, nacionales y provinciales), lo deseable sería poder elaborar
una política para la constitución de la colección y seguirla. En el caso
de los museos Argentinos, en general, las colecciones se basaron en el
azar de las donaciones, sin una política de adquisiciones orientada a
dar un perfil a esa colección que podríamos considerar, en gran parte,
"aluvional". Hay muchas anécdotas sobre las colecciones públicas (por
ejemplo donaciones al Museo Nacional de Bellas Artes). En definitiva,
esto da como resultado colecciones heterogéneas que no responden a una
política o plan.
Muchos museos internacionales conservan la decisión final acerca de qué
obras aceptan o no como donación. Incluso eligen piezas dentro de una
colección, piezas que aceptan como donación, en tanto rechazan otras.
Ha habido otras formas de integrar la colección del Museo Nacional, como
la organización de premios, que una vez dirimidos, destinaban la obra
premiada a la colección Nacional. Esto pasó por ejemplo en los años '70
con los Premios de Ridder, o en los años '60 con los Premios Di Tella.
Los premios implican una decisión más consensuada, en tanto es un jurado
el que los otorga, pero tampoco responden a la idea de un programa para
la constitución de la colección. En este sentido creo que las colecciones
públicas argentinas se han basado fundamentalmente en el azar. Aceptemos
este hecho como condición de posibilidad y pensemos que, entonces, lo
deseable, sería que buenas colecciones privadas pasen a integrar las colecciones
públicas. Lo que surge como problema ahora son las condiciones materiales
de los espacios de exhibición de los museos. Si pensamos en un lugar de
clara visibilidad: considerar en que condiciones se encuentran, por ejemplo,
las paredes de los museos y las obras que cuelgan en ellas. Estas condiciones
de exhibición inciden en la decisión de los coleccionistas de donar o
no sus colecciones al museo. Cuando uno va, por ejemplo, al Museo Nacional
de Bellas Artes, y ve las condiciones en las que están las paredes en
las que se cuelga la colección de arte internacional de posguerra, formada
por el Instituto Di Tella en los años '60, cuando uno ve a la forma antiaurática
en que está colocado el J. Pollock, el estado deplorable las paredes,
se entiende que un coleccionista piense: "para qué voy a donar la colección,
si después está colgada sobre estas paredes y en este estado?" Entonces,
en el problema de la constitución y exhibición de las colecciones públicas,
también cuentan las condiciones de los espacios físicos: en los términos
más obvios y visibles, las condiciones de las paredes en las que las obras
toman contacto con el público.
Quisiera agregar algo más: son paredes y son edificios. Si nosotros pensamos
que el Museo Nacional de Bellas Artes fue fundado en 1895, pero hasta
1933 no tiene un edificio definitivo; que hubo aproximadamente seis proyectos
de construcción del edificio y que no se realizó ninguno; y que el museo
finalmente se estableció en un edificio que tenia un uso previo absolutamente
distinto, es decir, en vez de guardar obras de arte, guardar agua, realmente
el problema se vuelve mucho más complejo. Hoy hay una ausencia de debate
en la comunidad, un debate que debería sostenerse entre quienes están
interesados en la cultura acerca de la organización, construcción y diseño
de los espacios museísticos en los cuales el público entra en contacto
con la cultura plástica Argentina e internacional. El estado del Museo
Nacional de Bellas Artes, donde muchas obras de arte argentino de la colección
no están colgadas y, además, son descolgadas para poner restos de la Bienal
de Buenos Aires que se trasladan a distintas partes del Museo -es decir,
exposiciones que itineran dentro del museo-; todas estas son condiciones
que permiten entender que no haya una voluntad de dejar colecciones en
el Museo.
Por otra parte, en cuanto al coleccionismo privado, creo que si en el
caso del coleccionismo público una de las tensiones posibles es la que
se produce entre el azar y el diseño, en el caso de las colecciones privadas,
la tensión es entre el gusto del coleccionista y el advisor, consejero
o curador. Me parece que ésta es una relación que hay que analizar en
sus sentidos positivos y también desde un punto de vista crítico.
En términos generales, el proceso de conformación de una colección sigue
un itinerario más o menos conocido: un coleccionista empieza a coleccionar
arte que le gusta, y después empieza a interesarse más, a leer, a tener
más conocimiento, más información. En muchos casos toma el consejo de
alguien que lo asesora, un experto en la formación de la colección. Éste
fue el caso, por ejemplo, de Torcuato Di Tella, a quien asesoraba Lionello
Venturi y después Giulio Carlo Argan, especialistas italianos. Surgen
algunas dificultades, no sé si llamarlos peligros, pero son armas de doble
filo. Por ejemplo, cuando a comienzos de los años '60 Guido Di Tella quería
comprar obras tratando de reorganizar la colección que recibía de su padre
a fin de hacerla una colección de arte contemporáneo, una colección que
diera cuenta de lo que estaba pasando en ese mismo momento en la escena
internacional del arte; pues bien, antes de la compra de cada obra le
escribía a Lionello Venturi, y éste, lo primero que hacía, era enviarle
una lista de artistas italianos. Guido Di Tella recibía esta lista, pero
también le mandaba su propia lista a Venturi diciéndole "yo también quiero
comprar obras de los artistas norteamericanos". Había una tensión entre
este curador, que era una figura respetada por Guido Di Tella, y su propio
deseo y su propia necesidad de intervenir activamente en la formación
de la colección.
Me parece que es importante visualizar esta tensión y las consecuencias
de la relación entre coleccionista y consejero, en tanto puede crear determinadas
pautas de coleccionismo que, en tanto un mismo advisor asesora
varias colecciones establece cierta uniformidad. Creo que un coleccionismo
diferenciado contribuye a enriquecer la dinámica cultural de un país.
Y es importante subrayar esto, es decir, hasta qué punto el coleccionismo
puede intervenir en el mercado, hasta qué punto puede intervenir favoreciendo
unas tendencias u otras en una escena artística. Es una relación de poder,
hay una trama de poder que para quien analiza un proceso cultural no debe
pasar inadvertida; es necesario analizar cómo se articulan estas relaciones.
Quisiera hacer también una breve referencia a la relación entre lo público
y lo privado: creo que está muy instalada en nuestro medio cultural (y
no sólo en el ambiente artístico, también en el ambiente universitario)
la crítica hacia las instituciones públicas, que, sin duda, están en absoluta
crisis. En el contexto de esta crisis lo privado emerge como el ámbito
de lo posible. Es decir, el ámbito en el cual se pueden diseñar alternativas,
se pueden hacer cosas creativas, se pueden articular proyectos más eficientes.
La palabra eficiencia es una palabra importante en este discurso, y, lo
que me pregunto y lo dejo abierto como problema es: muy bien, las instituciones
públicas están en crisis, pero la sociedad no debe abandonar los espacios
públicos, éstos son responsabilidad de todos los que participamos de un
espacio cultural.
Entonces, la crítica hacia las instituciones públicas debe ir acompañada
también de una crítica a las instituciones privadas, y de una voluntad
de no abandonar las instituciones públicas porque en definitiva, esos
museos existen, y es bastante triste ver el estado en el que muchos de
ellos se encuentran. Difícilmente uno puede ver arte argentino o mostrarlo
a un extranjero; apenas si puede mostrarle algunas obras en el primer
piso del Museo Nacional de Bellas Artes. Y en el mejor de los casos, si
tiene la oportunidad, visitar alguna colección privada. Tampoco la comunidad
puede ver un desarrollo histórico del arte argentino. Entonces creo que
la crítica a las instituciones públicas debe ir acompañada también de
la voluntad de diseñar alternativas y de no abandonar espacios que nos
pertenecen a todos como parte de esta comunidad.
Quisiera finalmente hacer una breve referencia respecto del lugar de las
colecciones de arte latinoamericano en el contexto de los museos universitarios
de los Estados Unidos. En este momento varias universidades tienen proyectos
de construcción de nuevos museos. Es un proceso interesante, en el que
se perfila la posibilidad de nuevas políticas que hay que analizar en
tanto remiten al lugar del arte latinoamericano (y argentino) en la escena
internacional. Gabriela va a hablar de la situación en Europa, yo quisiera
destacar algunos aspectos en relación con los Estados Unidos. Ustedes
saben que la colección más importante de arte latinoamericano está en
la Universidad de Texas en Austin (EEUU). Estoy segura que la parte más
importante de esa colección es de arte argentino. Durante varios años
la colección tuvo una curadora, Mari Carmen Ramírez, que tuvo un papel
central en tanto a través de las exposiciones que curó, llevó adelante
una política de intervención realmente muy fuerte en el estudio del arte
latinoamericano (hay que señalar que ella ya no es curadora en Austin,
sino que ha pasado al Museo de Houston). Sin embargo, en los últimos tiempos
se ha marcado en esta colección una tendencia a comprar obras europeas
de tercera o cuarta línea en lugar de las obras latinoamericanas (este
giro es importante, ya que impide que la colección se consolide en lo
que le ha conferido su perfil más fuerte: el arte latinoamericano). En
la colección de este museo parecería haber una retracción en lo que hace
a la colección de arte latinoamericano. Por otra parte, otro proceso inverso
es el de la Universidad de Harvard, que recibe la colección de Patricia
Cisneros, y tendría el proyecto de abrir un museo que contaría con fondos
de David Rockefeller. En el ámbito universitario norteamericano se dice
que cuando Harvard diseña una política inmediatamente esa política "baja"
al resto del circuito universitario en los EEUU. Entonces, esto es tomado
como un signo auspicioso respecto del futuro; podría marcar un espacio
mayor para el arte latinoamericano en el ámbito de las colecciones de
las universidades. La universidad de Duke también recibió una colección
de arte latinoamericano en préstamo. Parecería haber un interés creciente,
lo cual no quita el hecho de que todavía la presencia del arte latinoamericano
en el circuito de los grandes museos es reducida.
El Guggenheim está inaugurando en septiembre una exhibición de arte brasileño.
Esto quizás marque una línea diferente para el futuro. En síntesis, en
relación con la escena norteamericana creo que hay una intención creciente
de mostrar el arte latinoamericano, pero todavía una ausencia en relación
con los circuitos prestigiosos, más poderosos, de los grandes museos.
Quizás esto empiece a revertirse lentamente. Bueno, eso es todo.
(aplausos)
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