Transcripción de la mesa redonda: "El papel de las colecciones en la actualidad" (continuación)
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  Marion Helft
Bueno, voy a tratar de contarles un poco qué es coleccionar, y cuál creo yo que es el rol del coleccionista, si es que tiene un rol, porque en realidad ninguna colección se hace por el rol. El coleccionista es un adulto al que le gusta jugar, que cuando era chiquito jugaba a las figuritas, y ahora de grande junta cuadros u otros objetos.

Resulta que a pesar de todo esto, una colección no es una acumulación de objetos, sino que termina -no digo que empieza necesariamente, pero termina- teniendo una coherencia, porque la mente de una persona tiene una coherencia, o por lo menos la debería tener. Entonces hay tantos tipos de colecciones como tipos de personas que coleccionan, no se puede pretender de una colección que tenga una ideología y esto es lo bueno, y eventualmente también lo malo. Pero es esa libertad de hacer lo que uno quiere para que tenga después un sentido. Ese sentido puede ser múltiple, puede tener que ver con una tendencia estética, puede tener que ver con una época, con una filosofía, es una manera de ver, es un ojo privado.

El beneficio es enorme desde ya para la persona que colecciona, y eso es convivir con una cantidad de obras que tienen algo que decir para uno. Permite que uno pueda profundizar y aprender más de éstas obras. Al compartirla con terceras personas que pueden venir a mirar la colección, uno se enriquece porque la mirada del otro contribuye a la mirada de uno, porque uno nunca llega a abarcar totalmente, con su visión, la totalidad de contenidos de una obra. Cuanto más tiempo se dedique a algo, más se amplían las lecturas, y cuantas más personas colaboren en mirar, más se amplía esa lectura. Entonces, en realidad, es un beneficio para la persona que comparte, y no estoy hablando del beneficio económico, que es siempre lo que se agrega al tema del coleccionismo, que puede ser un beneficio, o puede no serlo. Pero para lo que es realmente el objeto del coleccionismo no tiene mucho que ver. Es cierto, que de alguna manera un coleccionista fije pautas estéticas. Puede llegar a ser un "trend-setter" en el sentido de decir: "bueno, yo coleccioné esto; ésto es lo que está bien". Evidentemente, esto lo puede hacer cualquiera que tenga plata, poder en la prensa y en las instituciones, o lo que sea, pero cualquier glorificación o investidura artificial que realmente no corresponde a alguna realidad, (porque las realidades son múltiples) tiene patas cortas. Cuántas veces hemos visto, y más entre nosotros, endiosar artistas por personas y colecciones que tienen poder y esta influencia puede durar un año, dos años, diez años y después desaparece.

Lo que llama mucho la atención, es que el arte argentino, cuando se hace una muestra internacional importante, - si es por ejemplo sobre arte latinoamericano como fue la de Rasmussen, que se hizo en Sevilla y después en el MOMA, -probablemente un 40% de las obras latinoamericanas eran argentinas. Cuando vamos a las ventas de Sotheby's o Christies, esto se reduce a un mínimo, a veces 2, 3, 4%, y si empezamos a ver el dinero que se gastó en las obras argentinas nos vamos a dar cuenta de que todavía es peor la situación. Y esto tiene que ver con el coleccionismo. Las personas con poder económico compran poco arte argentino, entonces el mercado internacional no va a comprar arte que no compra la gente del propio país. El coleccionismo en realidad, es la pata que se necesita para que galerías, instituciones públicas y un público más o menos educado a través de éstos, haga mover el mercado en el sentido de que los artistas puedan vivir, producir e insertarse en el medio nacional e internacional. Al final de los años '70 y '80 he ido a varias muestras, y he estado realmente horrorizada al ver que en todas las muestras se colgaban cuadros de 1 m. x 0,80 m. Y claro, si nadie compra una obra que sale de lo común, entonces evidentemente el artista va a empezar a producir para el mercado, y el arte del país va a decaer.

Las colecciones también tienen un rol social, y, si bien no quiero mencionar los nombres de las colecciones, (son pocas pero nos conocemos) sin embargo quiero mencionar un evento importante que fue la muestra de la colección Costantini en el MNBA. No me acuerdo si fue en el '90 o en el '91, más o menos para esa fecha. Él puso alfombras lindas, puso los cuadros del siglo XX, copitas de champagne y bastantes botellas de champagne. Y fue la primera vez que gente influyente se dio cuenta de que se puede tener dinero, se puede estar bien ubicado en la sociedad, y sin embargo tener obras de arte del siglo XX. Porque lamentablemente en nuestro país, (digamos, la clase media que en los años '60 fue el motor de una incipiente modernización del país) las artes plásticas han sufrido una merma y un decaimiento muy importante por el hecho de que el dinero no fue para ese lado.

Entonces las colecciones, en cuanto a dinero, son muy importantes también para darle motor a esta pata -digamos- del circuito del arte que estamos viviendo. Yo no diría que hay colecciones más merecedoras que otras (probablemente hay), pero bueno, no es eso lo importante. Hay colecciones que no tienen obras maestras, pero recortan, porque toda colección en realidad es un recorte, es una selección, una selección privada, pero es una selección; hay colecciones que no tienen obras muy importantes, pero representan modos de pensar y sentir del momento. Por ejemplo, si pensamos en los finales del sigo XIX, en ésa época estaban de moda los "Pompiers", los grandes cuadros de la burguesía industrial en auge. Era característico de la burguesía incipiente llenar sus departamentos de grandes cuadros épicos que se llamaban pompiers, porque pintaba amazonas con cascos, que se parecían a los bomberos (y "pompier" es bombero), y al mismo tiempo estaban los impresionistas, y cierta elite coleccionaba a los impresionistas, y las dos tendencias estaban en guerra. Ahora, cien años, o ciento veinte años más tarde sabemos que los impresionistas fueron los que abrieron el camino, y los pompiers representan, de alguna manera, y por eso merecen estar en los museos (como están en el Orsay) a esa burguesía industrial naciente de ese fin del siglo XIX. Por lo tanto todo tipo de colección es importante. Es necesario que haya una biblioteca nacional en condiciones, que hayan archivos, etc. Realmente lo que sucede es que si no fuera por las escasísimas colecciones de la Argentina, no tendríamos (en artes plásticas) ningún lugar donde ver arte argentino. Porque el M.N.B.A. no cumple su rol, ahí nosotros tenemos algunas obras argentinas, donde no existe una coherencia en la presentación y además esa presentación nunca se renueva para permitir ampliar el panorama.

Entonces, lo mínimo que tiene que hacer un museo si no tiene dinero para remozar sus colecciones, es por lo menos rotarlas y darles un sentido. De ahí vamos al tema de qué es un guión, porque toda colección en realidad tiene un guión, y ese guión es lo que permite comprender una colección. El guión a veces está predeterminado: "yo voy a coleccionar tal cosa", otras veces no, es como una lectura "estoy leyendo un libro de Dostoievsky, me gustaría leer otro libro de Rusia, o quiero leer un libro que se publicó en Francia en la misma época para comparar las dos literaturas, y al final se termina de armar a través de este camino laberíntico un sentido que hace que el que se acerca a esa biblioteca o esa colección, pueda tener una idea de una época, o una relación de culturas etc Entonces quisiera decirles dos palabritas sobre la colección de Jorge y Marion Helft. Cuando digo yo, nuestra colección es esa colección que constituimos con Jorge Helft en su momento, así que abreviadamente voy a decir nosotros o yo. Era una colección que, de alguna manera se centra en los años'60, porque los años '60 fueron nuestra época y nos interesaba el arte de nuestra época. Después nos hemos extendido a los años '70 y a los años '80, generalmente no hicimos tipo colección de estampillas, es decir una obra de cada autor, sino que tratábamos de investigar a un autor en profundidad, lo que significa obras de su juventud sin ningún interés artístico, por ahí obras sobre papel, de mucho menor valor, etc. Pero que de alguna manera nos refleje un panorama. Hemos comprado algunas obras europeas, para mostrar que había nexos, influencias entre lo que se hacía acá y lo que se hacía afuera.

Después hay otro tema que creo que es muy importante, que es la visibilidad de las colecciones, porque hay colecciones privadas que no son visibles. No digo que no sirvan, porque aún esas sirven, porque algún día serán visibles, o por lo menos documentadas. Cuando nosotros nos dimos cuenta de que había mucha obra (que además nos invadía la casa), entonces construimos un edificio donde pusimos las obras con un guión posible en una colección privada, que tampoco es una colección de doscientos o trescientos años como los museos europeos, o quinientos años. Es una colección de treinta o cuarenta años, o sea, dentro de lo que se pudo juntar en esa época, y dentro de nuestro panorama quizás no sea despreciable. Se trató de elaborar un guión, para que la gente que ve, que viene, pueda tener una idea de cómo se constituyó ese circuito de arte.

La colección no es solamente de arte, nosotros tenemos primeramente una documentación computarizada de todo, artículos de revistas, diarios, libros, que de alguna manera respaldan la colección, tenemos colecciones de revistas como "Primera plana", "Sur" o "Caras y caretas" donde se hacen referencias y que las hemos puesto a disposición. Es decir que cualquiera que quiera leer las críticas de arte en los años '60 al '63 puede venir y mirarlas. La verdad es que hoy en día eso no tiene ya tanta importancia porque está la Fundación Espigas, cuyo presidente está por acá (entre el público presente), que ha hecho un gran trabajo, justamente de seleccionar toda la bibliografía latinoamericana, no latinoamericana, digamos del Rió de la Plata, y que está también a disposición. Pero digamos que la idea de poner a disposición todo esto era un poco para que sirva, también, no solamente que esté.

Tengo que decir que si la muestra de Rasmussen tuvo los artistas que tuvo -argentinos- es que a muchos de éstos los han visto en casa, y que hemos orientado para ese lado. Lo mismo con Mari Carmen Ramírez, que organizó la muestra "Cantos paralelos" en Austin, que ha venido y ha mirado, y ha estudiado, y ha permitido que conozcan nuestro arte. Porque el problema con nuestro arte es que nadie lo conoce: no lo conocen porque no tienen donde verlo, no está en el mercado internacional, no está en las ventas, no está en los museos, etc.

Entonces, hoy por hoy, yo tengo por lo menos dos o tres visitas semanales de personas de las escuelas de arte argentinas y también del extranjero, viene curadores y grupos de visitantes que en EEUU abundan, y que soportan o sostienen económicamente a distintos museos, y que han oído hablar y se pagan un viajecito para Latinoamérica, se van al Hotel Alvear y recorren las colecciones. Y esto es muy útil, porque de alguna manera, por lo menos alguien conoce lo que está sucediendo acá y entonces empiezan a hablar, y a empezar a hablar, bueno, a lo mejor alguien piensa que vale la pena mirar. También la colección ha participado en varias muestras internacionales prestando obras, porque nunca nos negamos a prestar.

También quiero mencionarles que una de mis actividades es que estoy dándole una manito a Laura Bucellato en el Museo de Arte Moderno, y después de que dijimos tantas lindas cosas Andrea y yo de las instituciones públicas, por lo menos ésta es una institución que hace un esfuerzo con los medios que tiene para hacer las cosas como corresponde. Cuando recibió una donación de $150.000 en lugar de hacer algo para que salga en todos los diarios, hizo un depósito en condiciones para que la obra no se arruine. Ha creado (y no comprado enlatadas) muestras del arte concreto, de arte abstracto, de los movimientos de happenings y de arte de acción en Argentina, dejando catálogos de las muestras, y por lo menos disponiendo (dentro de las posibilidades económicas, que son nulas) un estilo, al museo, un guión, que es lo que una colección privada debe tener, y una colección pública debe tener. Uno no puede abarcar todo, pero al que entra en una colección, o entra en una institución pública, cuando entra tiene que salir sabiendo un poquito más, esto solamente se puede hacer si hay un guión, y no importa si un millón, o un millón y medio de personas vayan si lo que ven lo les va aportar una visión un poquito más compleja de la que han tenido cuando entraron. Nada más, gracias.
(aplausos)
 
 
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