| "Un disco de oro para las artes visuales? el arte actual y su público" | ||||||||
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| Ana María Battistozzi | ||||||||
| Bueno,
yo, como Agustina, quisiera retomar algunos de los interrogantes que están
planteados en este breve texto, que recibimos junto a la invitación a participar
de esta mesa. Me refiero a aquella pregunta acerca de si "el público de
arte contemporáneo: nace o se hace?" Pienso que en verdad se trata de un
poco en las dos cosas: nace y se hace. Creo que está claro que para vincularse,
para empezar a relacionarse con el arte, hay que tener una especial disposición.
Hay gente que tiene disposición para jugar al fútbol, para moverse en lo
físico, y hay gente que tiene disposición a establecer vínculos de otro
tipo, con el arte o con la música. Pero aún dentro del arte, hay que tener
una especial disposición para vincularse con el arte contemporáneo. Porque
lo cierto es que no todo el mundo está, ni en condiciones, ni tiene ganas
de vincularse con el arte contemporáneo. Hay gente a la que realmente el
arte contemporáneo le produce bastante desazón y prefiere refugiarse en
el arte clásico o en el del siglo XIX. Meterse con el arte contemporáneo
es un tema. Por otro lado, hay que tener en cuenta otra cuestión que tiene que ver con la propia naturaleza de la experiencia del arte contemporáneo, que es una experiencia compleja, que ha puesto en cuestión una serie de cosas. Por empezar, nos mete ante un problema. En general plantea cuestiones de la índole de lo sensible, pero otras veces nos corre de la experiencia sensible de los colores, de la forma, de la cosa visual hacia el pensamiento. La problemática del arte contemporáneo ya no es ni tratar un género, un tema, o un paisaje: es el propio arte y la institución arte que se convierten en objeto de análisis. Así, si nos sentimos cómodos disfrutando del arte del siglo XIX dentro de su esquema, vamos a sentir algunos desajustes: por ejemplo, que el arte actual está alejado de la manualidad, y que su producción participa, del sistema de producción contemporáneo. Que los objetos que produce son rápidamente obsolescentes, y no son eternos. Entonces, el arte contemporáneo nos plantea problemáticas. No es nuevo esto; en los años 60 Harold Rosenberg llamó a los objetos de arte contemporáneo objetos y ansiedad. Porque antes de nada, antes de ponernos en situación de disfrutar sus aspectos sensibles o de decidir si me gusta o no me gusta, tendría que decidir si esto es o no es arte, lo cual ya es un problema. Nos pone ante una responsabilidad que los hombres de antes, por lo menos de antes de las vanguardias no tenían. Fundamentalmente nos encontramos con que la experiencia del arte contemporáneo nos pone frente a cosas como un mingitorio, o que las obras exceden el espacio de exhibición y se prolongan en una costa o envuelven un edificio. Todo esto demanda una serie de competencias. Humberto Eco hablaba de la obra de arte como una "maquina de significar", y para ponerla en funcionamiento, hay que tener una serie de competencias. El tema o más bien el gran desafío es cómo estas competencias, que demanda el arte contemporáneo se extienden y la experiencia que produce no quede reducida exclusivamente al grupo de amigos. Puede ser posible esto? Yo no estoy muy segura de que pueda serlo. Es probable que sí, en determinadas circunstancias, pero esto ocurrió siempre. Kandinsky hablaba de la pirámide cuando hablaba de la recepción; había una pirámide más abajo, que era la más amplia, que tenía un cierto grado de comprensión de la renovación de las cosas que se estaban proponiendo, y más arriba entonces había otra más reducida y más específica, y así ascendía a un exclusivo grupo de esclarecidos. Seguramente eso tiene que ver con la noción de vanguardias y todo este pensamiento en boga en la época en que Kandinsky escribió "De lo espiritual en el arte". Pero también deberíamos hacernos una pregunta: hasta dónde este público que puebla, que llena los museos los fines de semana, es consciente de las problemáticas que se están planteando?. Algunos sí, algunos no. Cuál es el rol del curador, del crítico? Y de los operadores culturales frente a esta situación que plantea el arte contemporáneo? Cuando, en el siglo XVIII, Diderot escribía para aproximar el arte al público naciente, el público como tal era una noción que se estaba conformaba en ese momento cuando se abrían los salones, esa noción era nueva. La noción del público no existía, es un fenómeno de la república moderna. Cuando él escribía para ese creciente público que era variopinto. En los textos que uno lee de él aparecen la vendedora de feria que olía a pescado mezclándose con el aristócrata y el tipo allá, era una cosa muy de heterogénea de encuentro de clases y, si se quiere, de mucha curiosidad. No sé si esto ocurre hoy. Cuando este hombre escribía, lo hacía para aproximar a la gente un lenguaje nuevo, que era el que estaba produciendo un tipo de arte en el que ponía su atención, ya no en las alegorías griegas, sino en la naturaleza muerta, que era el rincón burgués. O en el paisaje. Estas eran novedades para el momento, y había que entenderlas había que aproximarse a ellas porque se estaba produciendo una modificación en la sensibilidad de la época. Yo creo que los críticos tuvieron un papel muy importante en esa aproximación que hicieron a las transformaciones de la sensibilidad de la época. Creo que hoy los críticos pueden tener (podemos tener), lo que pasa es que tenemos que encontrar el espacio adecuado, que es el espacio del debate, que es el espacio que se merecen los problemas que plantea la obra contemporánea, y que, habremos de reconocer, no es frecuentemente el espacio que tenemos. Yo creo que el espacio de la crítica debiera... en los últimos tiempos, frecuentemente me encuentro con gente que piensa que la crítica es un género perimido, y puede ser. Pero no es casual que en este momento, en este momento donde la crítica, más allá del ejercicio puntual que se haga de la crítica, lo cierto es que es un instrumento, de puesta en juicio, que hay que preservar. Porque la crítica es un instrumento de reflexión también. Es un instrumento de puesta en tensión de los objetos que tenemos ante nosotros, sean productos culturales, productos intelectuales u objetos de arte. Entonces, a mí me llama la atención, -y no es una cuestión de defensa corporativa- pero yo creo que el hecho que se ponga en cuestión el carácter perimido de la crítica trae un solapado, todo un desliz ideológico bastante reaccionario (Si quieren, después lo debatimos, no?). Por otro lado, pienso que cada vez, cuando Ana decía: si escribimos, si producimos para nuestros amigos, lo que mostramos en la galería, a veces yo veo que se producen cosas, y en la galería entran tres o cuatro gatos. Yo creo que cada vez está más claro, que la galería está reconocida por el conjunto de la población que tiene una aproximación al arte, como un espacio de comercio. Allí se vende arte, y se vende arte -en general- caro. Es lo que la gente piensa. Hay aproximaciones, tanto a la experiencia del arte como a la de la adquisición de obras de arte que no pasan por la galería de arte. Y esto es una situación de puesta en tensión, y crisis de un sistema de circulación del arte. Hay que tener en cuenta esto. Hay cosas muy interesantes que pasan por otros circuitos, y hay que tenerlas muy en cuenta porque forman parte de un modo de circular del arte que no siempre tiene que ver con la clásica experiencia del arte. (aplausos) |
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