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En primer
lugar, quería agradecer muchísimo a Esteban Alvarez y a Tamara Stuby por
esta espléndida invitación. Es todo un lujo estar acá, en Buenos Aires,
pudiendo hablar y con esta maravillosa compañía, especialmente compartiendo
la mesa con Marcelo Pacheco, que es mi jefe e interlocutor en Malba. Voy
a empezar por revisar un poco los presupuestos de esta mesa tal cual fueron
planteados porque me generaron un poco de incomodidad. Por un lado, la
idea del curador equiparado a la situación de montaje, o sea, el curador
que se reduce o se enaltece a partir de la colgada de las obras. Por otro
lado, la presunción de que en esta práctica, el curador se propone como
un pseudoartista. Ante todo, disiento, porque si bien nuestro trabajo
implica una práctica que se resuelve en un producto visual - que es la
exposición - no creo que la curaduría sea un arte, sino todo lo contrario,
creo que la curaduría es un generador de posibilidad. Y es bien claro,
por lo menos a mi juicio, que los generadores y productores de arte son
los artistas y no los curadores. Eso es clarísimo.
Entonces, siguiendo con esta idea, hay dos concepciones del curador como
generador de posibilidad que motivan mucho mi trabajo que quería compartir
hoy con Uds. Uno es --y esto es del punto de vista de una curadora que
ha trabajado en instituciones-- el trabajo del curador como mediador entre
artista y público. Eso por un lado. Por otro, el curador en una situación
de catalización y provocación en el trabajo que realiza en los talleres.
O sea, un trabajo de intercambio de ideas y de provocación de uno en uno,
artista - curador, donde también se pierden un poco las nociones de artista
- curador y se convierten en dos personas dialogando. Se juegan en esto,
a mi juicio, varios campos de responsabilidad. Por un lado, primero y
principal, para con el artista y su obra -- lo cual no quiere decir acatar
a todo que diga el artista, porque como todo buen escritor, todo artista
necesita un buen editor. Otro campo de responsabilidad es para con el
público: la necesidad de presentar una exposición claramente, un mensaje
coherente tanto al nivel de montaje como a nivel de soporte textual. Otro,
una responsabilidad para con la institución donde se inserta esta exposición,
o sea, cómo se inserta esta exposición dentro la misión más amplia de
la institución, cómo hacer que esta exposición contribuya a que la institución
sea catalizadora, propositiva, y no una mera vidriera de prácticas que
ya existen. Y otra -añadiría- una responsabilidad para con uno mismo,
de ideales respecto de cómo deberían hacerse las cosas, y cómo contribuir
a la profesionalización de la propia área de trabajo.
Respecto de la idea del curador como provocador o catalizador, quería
contarles una experiencia que tuve trabajando con dos artistas en Nueva
York en la galería White Box. El director me invitó a iniciar un programa
para curadores jóvenes; él quería tener la galería cerrada en el verano,
pero que estuviese activa. Entonces, invitó a seis curadores a que propongan
cada uno un proyecto que debía realizarse desde la ventana. O sea, el
campo de exposición era la ventana y uno podía ver lo que estaba adentro.
Entonces, (la primera diapositiva ...) invité a Judi Werthein y Leandro
Erlich, dos artistas jóvenes viviendo en Nueva York, que hasta ese punto
estaban trabajando por separado, y les propuse que hagan una colaboración,
que propongan un proyecto que salga de la discusión entre ambos, y esto
fue lo que hicieron. Lo que están viendo parece ser un espejo, pero no
lo es. Hacia la izquierda y la derecha de la ventana, lo que están viendo
es una fotografía de la vista del otro lado de la calle, o sea, lo que
esté enfrente, simulando una situación de espejo, y dentro de esa fotografía
insertaron un espejo real. Entonces, (la próxima diapo ...) se genera
esta situación, donde si uno está a la derecha de la fotografía, no se
refleja, y si uno esta enfrente del espejo, sí se refleja. (La próxima
diapo ... y la última...) para que vean un poco lo que pasaba. Entonces,
el espacio de exposición se convertía en la calle, no tanto en el interior
sino en ese límite. La ventana se convertía no en una ventana que mira
hacia adentro -eso tiene connotaciones importantes en la historia del
arte- o sea, no era una representación de ningún tipo sino que era un
rebote visual hacia la calle.
Aquí quiero
marcar un par de puntos que creo que son importantes, que podemos volver
luego sobre ellos... Por un lado, la importancia de asumir el valor del
riesgo en un proyecto curatorial. Creo que este valor se está perdiendo
en muchas instituciones por una necesidad que las instituciones tienen
de garantizar que el dinero sea invertido en proyectos exitosos. Esto
puede generar que el arte se convierta en previsible, si uno no salvaguarda
el valor del riesgo. Por otro lado, la importancia de ceder el lugar de
acción a los artistas con quienes uno trabaja pero siempre exigir, es
decir, apoyar y desafiar simultáneamente. Por otro lado, está el seguimiento,
hacer un texto donde uno explique la importancia de presentar tal o cual
proyecto, porque la gente no tiene por qué adivinar y menos en el ámbito
de lo contemporáneo. Por otro lado, promover, generar un espacio de visibilidad
para futuras oportunidades, y siempre motivar y exigir un pensamiento
crítico riguroso, tanto respecto de uno mismo como interlocutor como respecto
del artista con quien uno trabaja, o sea, no "esto lo hice porque tuve
ganas", sino qué más? Porque generalmente, si estamos trabajando con algo
serio, hay bastante que decir sobre eso. Y también respecto del público,
generar preguntas, cuestionamientos. Generar no un público pasivo sino
un público que piense, generar problemas y no tantas respuestas. Esto
en cuanto al curador como provocador.
Y volviendo a la otra idea, del curador como mediador en el ámbito de
lo institucional- quería contarles un poco sobre la dinámica curatorial
de exposiciones de artistas jóvenes del espacio donde trabajé en Nueva
York, que se llama el Drawing Center. Es un espacio que recibe carpetas,
en este sentido, hay muchos espacios allá que reciben carpetas, pero la
particularidad del Drawing Center era que las carpetas se recibían no
con el fin de una exposición, sino con el fin de que esa persona sea aceptada
a un programa de discusiones a puertas cerradas, uno a uno con un curador.
Se llama el Viewing Program, existe hace 25 años; es un programa según
el cual la institución trata de posicionar al trabajo de bambalinas o
de provocación, o de taller, dentro de la institución. Una instancia de
discusión, donde los artistas tienen, si quieren y pasan un primer filtro
de selección (muy amplia), la posibilidad de llamar tres, cinco, siete,
diecinueve veces por año al Drawing para pedir una cita con un curador
y sentarse y trabajar sobre un proyecto o a discutir, mostrar el desarrollo
de uno mismo. En fin, en esto me parece que es importante porque la institución
avalaba este espacio más allá del ámbito de la exposición.
Es cierto que los artistas querían participar en exposiciones. Eso lo
teníamos bien claro, y las exposiciones se llamaban Selecciones. Quería
mostrarles algún ejemplo... (la próxima diapositiva...) Respecto del proceso
de selección, había un comité curatorial; éramos cuatro personas: dos
curadores y dos artistas. Cada uno de distinta generación, donde nos exigíamos
un rigor en la argumentación, ¿Por qué estamos eligiendo esto? Eran cantidades
de artistas, cantidades de portafolios, y lo genial de la situación era
la apertura mental con que uno entraba. O sea, uno iba, y muchas veces
salía con una opinión contraria a la que uno había entrado. ¿Por qué?
Porque el otro te había discutido bien. Entonces, eso era bastante importante.
En esto, en términos de selección, había un par de cosas que voy a puntualizar,
y que también, podemos volver después. No tratábamos de encontrar ninguna
vanguardia total, adivinar el futuro, ningún tipo de cuestión así, sino
de responder al presente. Qué está pasando, cómo cuestionar al dibujo
contemporáneo de la forma más interesante, o sea: la materialidad del
dibujo es, hoy en día, el papel? ¿Cómo se cruza con las tecnologías? ¿Qué
es lo que define el dibujo hoy por hoy? ¿La transparencia y la gestualidad,
digamos? ¿O puede entrar el cálculo digital en el dibujo contemporáneo?
Porque puede haber dibujo digital. O sea, cuáles son los planteos, cómo
cruza el dibujo con el espacio, esa situación es de arquitectura, o no...
En fin, una cantidad de preguntas y en esto, diría que fuimos más exitosos
cuando apostamos por lo incómodo. Algo que quizás no nos gustaba, no era
una cuestión de gusto personal, todo lo contrario, lo que nos generaba
tensión.
Luego, llegando al ámbito de la exposición, acá estamos. Esto es el espacio
principal del Drawing Center (refiriéndose a la diapositiva). Elegí esta
porque está Jorge Macchi al fondo, con dos obras que fueron bastantes
impresionantes porque inauguramos esta exposición el 6 de Septiembre del
año pasado (2001), y bueno, estaban los dos monoblocks de Macchi entrando
al espacio a la derecha. Pero lo que quería recalcar era que lo que tratamos
de hacer era no generar una curaduría de tipo teórico discursiva. Con
eso quiero decir que lo importante era el reconocimiento de que estas
eran exposiciones colectivas de artistas cuyas prácticas eran totalmente
diferentes, uno del otro. Entonces, no se trataba de poner esas obras
al servicio de una teoría equis o zeta, sino que lo importante era que
cada uno se sostenga independientemente al anterior y al próximo en el
espacio. En este sentido, pienso que era una curaduría que trataba de
no ser una curaduría, o sea, era una situación bien desafiante para un
curador que siempre está tratando de articular algún tipo de discurso.
El ritmo de la exposición era de uno más uno más uno más uno y no tanto
de muchos al servicio de lo que podemos llamar un "otro discursivo". En
este sentido, creo que realmente el curador como mediador se ponía bastante
en juego.
Para
cerrar, diría que la curaduría tiene (además de los campos de responsabilidad
que mencioné anteriormente, o sea: para con el arte, para con el público,
para con la institución, para con uno mismo) la posibilidad de ser catalizadora,
provocadora, intermediaria entre escena artística y público general. En
este caso, y para hacer alusión al título de esta mesa, que es "Curaduría:
arte, ciencia o política?", diría que es claro que la curaduría no es
arte, si bien se juega en la misma un ojo que puede generar posibilidad
y que de hecho tiene repercusiones visuales en el ámbito de la exposición.
No es una ciencia, si bien debería existir un rigor comparable con el
científico en la base de toda exposición desarrollada responsablemente
- que de hecho puede pensarse como un proceso de elaboraciones de hipótesis
y tesis-que requiere de argumentaciones claras y rigurosas respecto de
lo que se expone y porqué-y de un rigor expuesto tanto en la etapa, digamos,
de soporte de ideas como en la etapa de montaje, que es lo que en definitiva
enaltece la exposición, y lo que la gente va a ver. Tampoco es política,
pero sí tiene repercusiones que pueden pensarse más allá del espacio de
la exposición. Por ejemplo, creo que toda exposición, al pensar en un
público, piensa en un contexto. Un contexto que es social, político, y
económico. Cuál es la situación de la gente que viene? Cuál es la situación
de la educación? Cómo provocar algún tipo de situación distinta respecto
a la educación a través de una exposición? Cuál es la escena artística
en la cual está insertada esta exposición? Dónde cree la institución que
vale la pena poner una inyección más de salud en esta escena artística?
Dónde motivar? Es decir, una exposición responde a un contexto determinado
desde el momento en que uno es responsable ante su público, y desde el
momento en que uno se compromete son ese o esos público(s) en sus diversas
acepciones de cuerpo social y económico. En fin, la curaduría es una práctica
donde los principales beneficiarios entonces, deberían ser tanto los artistas
como el público. Eso es todo.
(aplausos)
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