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Bueno, yo
también quería hacer algunas aclaraciones, unas mini-aclaraciones de principios,
con respecto a la invitación, que por supuesto agradezco.
También, me generó un poco de conflicto el título y ese pequeño texto
(que me pareció muy bien), pero, justamente cuando me preguntaron cómo
definía lo que yo hacía, yo en realidad, no me denomino a mi misma como
una curadora. En esto de la curaduría: arte, ciencia o política?, seguro
que respondería primero, arte. Y después veríamos cómo podemos hacer otras
relaciones. Y en cuanto a mí y a mi trabajo... los chicos me pidieron
que me refiriera específicamente a la curaduría de la exposición de Tunga
en Buenos Aires en noviembre de 1999. Bueno, lo que pasa es que justamente,
no es, desde mi punto de vista, como trabajo curatorial de lo más típico
y ortodoxo, sino que bueno, fue bastante Sui Generis, y les puedo
ir contando un poco.
Lo que van a ver (comienza la proyección de un video), las imágenes
no son demasiadas nítidas, pero para los que no estuvieron, esto fue el
día de la inauguración, que además de la exposición en sí misma,
de las instalaciones, había una performance dirigida por Tunga. Vamos
a ir viendo el video mientras tanto. En cuanto a mi trabajo, bueno, hace
diecinueve años que trabajo en el medio del arte, después de cinco o seis
años de una carrera universitaria, pero bueno, todavía curadora no me
denomino. No llego allí de otra manera cuando llego a este trabajo. A
pesar de haber sido curadora de varias muestras, aunque no son tantas,
la primera de las cuales fue la primera retrospectiva de Victor Grippo
que se hizo en Buenos Aires, en la Fundación San Telmo en 1988. Por lo
tanto, les remarco que la experiencia Tunga fue, dentro del desarrollo
de mi trabajo, un poco atípica. Llegué ahí, tuve la iniciativa de que
Tunga hiciera una exposición en Buenos Aires. En realidad, curiosamente,
a través de la perseverancia de un deseo, de una especie de sueño, que
me llevó doce años concretar. Después voy a volver sobre esto.
En cuanto a la curaduría y a la relación del trabajo curatorial con mi
trabajo, puedo decir que mi experiencia -en general- la creo como a través
de una íntima, muy íntima comunión, relación, y conocimiento con la obra
de un artista, y sobre todo, de larga duración en el tiempo. A esto, por
lo menos yo, llego ahí a través de la investigación. Esto especialmente
en el caso de los artistas argentinos. Yo creo muchísimo en la formación
teórica, que uno en este trabajo nunca termina de realizar. Bueno, además
que les agradezco a todas las personas que he tenido en mi camino, que
me han dado conocimientos, estoy enormemente agradecida. Pero, también,
debo decir que en mi formación, tanto profesional como intelectual, y
también como persona, han tenido muchísimo que ver mi estrecha relación
con varios artistas. De la generación de los más grandes, como Kenneth
Kemble, como Noé, como Victor Grippo, y tantos otros que podría nombrar.
Yo he estado en general, más centrada dentro de la investigación del arte
argentino. Entonces, voy a ir explicando porqué lo de Tunga es
un caso un poco atípico y porqué llegué a ser la curadora de esa exposición,
sin mediar de por medio una investigación como tal vez me hubiese gustado
llevar a cabo si se hubiesen dado las circunstancias, no sé, si hubiera
vivido en Brasil, sería de otro modo, no?
Entonces, vuelvo a las razones que originaron allá lejos en el tiempo,
si se quiere, esta exposición. En el año 1987, viajé a la bienal de San
Pablo y quedé tremendamente impresionada, porque había una gran, gran
instalación de Tunga en el espacio central de la bienal, que creo que
todos conocen. Era una larguísima cabellera como es bien típico de su
obra, que colgaba del espacio central del pabellón de Iberopuera, y que
caía al piso y formaba una de las tan conocidas trenzas. Bueno, en ese
momento, lo conocí a Tunga un poco rápidamente, pero bueno, quedaba como
una especie de obsesión. En ese momento el comisario del envío
argentino era Jorge Glusberg, y bueno, conversando con él, que en ese
momento, además de ser el comisario en San Pablo era director del CAYC,
era el presidente de la Asociación de Críticos, en fin, le transmití la
inquietud de traer la muestra de Tunga a Buenos Aires. Traer una muestra
equis de Tunga a Buenos Aires. Con lo cual, me miró con cierto
escepticismo y, por supuesto, bueno,no pasó nada. No pasó nada por muchos
años. Y esto, a mí me lleva a hacer la siguiente reflexión, que ahí, tal
vez, creo que empezaría a estar, si se quiere, mi aporte desde el punto
de vista de, digamos, la insistencia, o después, del trabajo curatorial,
de traer una muestra de Tunga a Buenos Aires.
Esto puede parecer un poco increíble desde el presente, donde al día de
hoy estamos más acostumbrados a un intercambio entre Brasil y la Argentina,
pero durante muchos años, los países que ahora forman el Mercosur --bueno,
en este momento también, hay bastante crisis-- pero, no había demasiado
intercambio entre nuestros países más cercanos, y es así, que justamente,
en el año '87 que veo la obra de Tunga en San Pablo por primera vez, y
se me ocurre esta idea, como tirarla hacia el futuro, ese año en el Museo
Nacional de Bellas Artes, se mostró una exposición de arte brasileño,
la colección Mariño, y lo curioso es que por muchísimos años, hasta noviembre
del '99, no hubo más una exposición de arte brasileño en Buenos Aires
-creo - una sola exposición, que yo no vi, que era una exposición
de Siron Franco, en la desaparecida Fundación Banco Patricios- esto me
provocaba un interrogante que todavía no he terminado de develar, qué
era lo que sucedía realmente? Nosotros, los argentinos, llevábamos el
envío, entre comillas, del arte argentino a la Bienal de San Pablo, pero
que en realidad, es una exposición internacional, es un poco anecdótico
que sea además en Brasil, pero eso no significaba ninguna reciprocidad
entre el arte de ambos países, no?
Solo personalmente, la experiencia de llegar ahí, y tal vez ver las exposiciones
de artistas brasileños que podía ver en ese momento en la Bienal. Circunstancialmente,
después de muchos años, realmente porque la obra de Tunga me interesaba
mucho, me puse, a través de un crítico europeo, me puse en contacto con
Tunga para pedirle un libro que se acababa de publicar sobre su obra,
y entonces, así me puse en contacto con él, y así, bueno, en ese
momento los faxes iban y venían, y le pregunté si le interesaría hacer
una exposición en Buenos Aires, y me dijo que sí.
Esto era recién a fines del '97. El contexto argentino es radicalmente
diferente al contexto brasileño, y por supuesto, los idiosincrasias, casi,
diría yo, opuestas generan también obras opuestas. Lo que significa es
que el intercambio puede ser enormemente rico. Esto que no se había dado
y bueno, así, en conversaciones telefónicas, empecé a manejarlo con él,
y me dijo que solamente había visitado a Buenos Aires una sola vez, en
un momento no demasiado feliz, en 1978, en épocas de la dictadura militar,
donde había tenido problemas por tener el pelo demasiado largo, etcétera.
Entonces, se empezó a gestar la idea de una exposición de Tunga en Buenos
Aires y en ese momento, tomé contacto con quien en ese momento era directora
del Centro Cultural Recoleta (Teresa Anchorena), y ella fue muy favorable
a esta idea, de que se hiciera una exposición de Tunga aquí. En ese momento,
se estaba haciendo en Estados Unidos, en uno o dos lugares, una retrospectiva
de él, entonces, se pensó en la posibilidad de traer esa muestra, que
finalmente, nos dimos cuenta de que era demasiado costosa, que había muchas
obras prestadas, y que no se podía hacer que después, como último destino
llegara a Buenos Aires. Entonces, Teresa Anchorena tuvo la iniciativa
de que invitáramos a Tunga a Buenos Aires, en noviembre de '98, es decir,
exactamente un año antes de la exposición en Buenos Aries. El vino, y
poco tiempo después me pidieron en Buenos Aires que fuese la curadora
de esta muestra, lo cual iba un poco en contra de mis principios, esto
de no conocer tanto, pero sí tener una pasión muy grande por la
obra de un artista pero no conocerla desde el punto de vista de la investigación.
Trabajar con Tunga fue digamos, bastante sencillo, en el sentido de que
él me presentó --habiendo conocido él el lugar donde iba a exponer-- me
presentó un proyecto absolutamente perfecto. Por eso, la curaduría no
era un trabajo de elaboración, como realmente se supone que tiene que
ser, sino que, digamos, lo que desde mi trabajo se hizo fue hacer todo
lo posible para que las cosas salieran lo mejor posible, y para que Tunga
por primera vez en Buenos Aires se mostrara con todo lo mejor.
A eso se unió que unos meses antes, además, la Fundación Arteviva quiso
auspiciar la muestra, lo cual por supuesto, también, facilitó, de algún
modo, toda la comunicación entre Brasil y Buenos Aires, y finalmente (bueno
- no voy a detalles, porque ya me extendí demasiado), la muestra - quienes
visitaron la inauguración- fue realmente un éxito, un éxito de público,
y lo que yo esperaba de algún modo, es que fuese fecunda justamente, también,
y muy especialmente para el medio de los artistas. Bueno, sin más detalles
cierro aquí.
(aplausos)
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