"Curaduría en las artes plásticas: arte, ciencia, o política?"  
 
Ir a: Introducción - Victoria Noorthoorn - Mercedes Casanegra - Andrés Duprat - Marcelo Pacheco
Discusión con el público - Salir


 
 
 
  Marcelo Pacheco  
  Antes que nada quiero agradecer la invitación de Tamara y Esteban.

Cada vez -en los últimos años- que se plantea el tema de discusión alrededor del problema de la curaduría y los curadores, yo siempre recuerdo una vieja anécdota que ocurrió en Santiago de Chile hace más o menos unos diez años, cuando quien iba a ser curador de una de las Documentas de Kassel estaba visitando Santiago. Y, en el momento en que se registró en su hotel, puso como profesión "curador". A partir del día siguiente, se dio cuenta de que curiosamente, todas las mucamas y el servicio del hotel lo miraba con cara extrañada, hasta que se animó a preguntar: "qué es lo que ocurre conmigo?", y obviamente todos creían que era un manosanta. Esta anécdota (que siempre cuenta Justo Pastor Mellado cada vez que se presenta la ocasión de discutir qué es y qué es lo que hacemos en realidad los curadores), me parece que es más que clara, en función de establecer cual es el grado de confusión y el problema, la carga que tiene la palabra "curador" y las confusiones que viene abriendo el tema de la curaduría en estos últimos quince años, no solo en la Argentina, sino en el mundo en general.

Para que no quede ninguna duda, yo, en realidad, lo primero que quiero dejar en claro es que yo tengo, sí, posición tomada con respecto a qué es lo que hago cuando me llamo curador, y estoy absolutamente convencido de que la práctica curatorial -no la curaduría- la práctica curatorial, es básicamente un terreno de escritura. Así como estoy convencido de que toda exposición es siempre una narración, y específicamente una narración que ocurre en el espacio, o sea, una narración espacializada, y que toda práctica curatorial implica un acto discursivo. La noción de escritura, la noción de narración, y la noción de discurso son, para mí, los tres elementos fundamentales en el terreno de la práctica curatorial.

Mi formación es similar a la que les comentaba Mercedes Casanegra. Yo también soy egresado de la Facultad de Filosofía y Letras, de la carrera de Historia del Arte, y en el momento en el que egresé de la carrera de la Historia del Arte, empecé a trabajar en el Museo Nacional de Bellas Artes, en el año '86, y me tocó hacer mi primera muestra con el patrimonio del museo en la Fundación San Telmo, y fue una muestra que se llamó "Desnudos y Vestidos", en el año '86. Aún hoy, unos cuantos años después, tengo absolutamente claro que aquella primera muestra y aquel primer momento de meter las manos en una exposición, para mí, definió claramente la diferencia entre seguir la carrera académica y tradicional, el campo de investigación de la historia del arte en el ámbito de la universidad, y lo que yo había descubierto, que era para mí un terreno totalmente nuevo y una posibilidad diferente, de escritura y de propuesta de discurso que tenía que ver específicamente con la realización de exposiciones, y con lo que con el tiempo se empezó a definir como práctica curatorial.

Como en realidad ésta es una presentación muy corta para abrir el debate, lo único que quiero es dejar puntualizados algunos items. En primer lugar, creo que es fundamental tener en cuenta, que no es lo mismo hablar de curaduría que hablar de práctica curatorial. Fundamentalmente porque al hablar de práctica curatorial, para mí, deja en claro que el terreno y la discusión alrededor del problema de la disciplina de la curaduría queda eliminada. La curaduría es básicamente un espacio que se ubica siempre entre otros espacios. No creo en la curaduría como una disciplina. Sí, creo en la curaduría como una práctica. Tiene que ver específicamente con la puesta en acción, con un acto discursivo, como decía antes, y con la construcción específica de una narración. Es el mismo problema que se plantea, o, viene planteándose durante gran parte del siglo XX en el terreno de la literatura, en el terreno del lenguaje, con respecto al problema del enunciado y la enunciación. Claramente, así como la enunciación es el acto de la palabra, el decir, y el enunciado es el texto, en el caso de la práctica curatorial ocurre lo mismo. La práctica curatorial, lo que hace en realidad es generar un discurso y generar un texto, que en el momento en el cual se transforma en anunciación comienza a adquirir sentido.

Por otro lado, quisiera dejar también en claro algo que para mí es fundamental y que no hay que perder de vista, y es que, en realidad, todas estas discusiones alrededor del problema de la práctica curatorial y de la figura del curador, son parte de un debate reciente. Un debate de estos últimos veinte años, directamente relacionado con la transformación del mundo, en términos de la transformación económica, política y social que el mundo ha tenido en los últimos veinte años. Es imposible pensar la práctica curatorial si no tenemos en claro que estamos hablando, fundamentalmente, de un mundo que se ha transformado en términos del capitalismo tardío, en términos de la globalización, en términos del tema de la transformación y la transferencia de las nacionalidades, en término de la entrada de las artes visuales al territorio de las industrias culturales o el territorio de la industria turística, etc. Y ese contexto me parece que es clave, porque sino, en realidad, nunca tenemos demasiado en claro por qué precisamente aparece en estos últimos veinte años la discusión alrededor del problema del curador como figura central en el campo artístico, cuando es una figura que existe en el mundo del arte desde el siglo XVIII, y en realidad, como formulación en el campo del lenguaje que ahora pasó a definir actividades totalmente diferentes.

Por un lado, claramente, el curador como administrador y negociador de los resortes de circulación de visibilidad, de legitimidad, y de consagración; el curador como dador del estatuto artístico. El curador, como un productor de servicios de cuello blanco, tomando una denominación que ahora se utiliza mucho en el campo de la economía de las ciudades globales. Esta idea de que en realidad los curadores terminan transformándose en productores de servicios con la particularidad de que en realidad son productores de servicios de cuello blanco (con lo cual tienen buenos honorarios).

El curador / promotor, o el curador que en realidad funciona como agente de migraciones, o el que da los visados y las credenciales. Hasta qué punto el curador se ha transformado en aquel que administra los pasos de fronteras, en un mundo globalizado, pero, lo que ha hecho ha sido recrear el esquema y el funcionamiento de las fronteras, de una manera diferente a la que estábamos acostumbrados, de acuerdo con cómo se había organizado el mapa del mundo en el siglo XIX, pero que son fronteras que obviamente no han desaparecido.

Y en última instancia, la idea del curador como aquel encargado de establecer la policía discursiva. Esa noción de curador como administrador, como policía discursivo y como el que cuida el paso de frontera, es totalmente diferente a la noción del curador relacionado con la idea de práctica curatorial que a mí me interesa, que tiene que ver justamente con lo que enunciaba al principio, de la práctica curatorial como campo de escritura, de edición y de trascripción, donde el curador se transforma en un "productor de infraestructura"(como diría Pastor Mellado). A mí me parece más interesante pensar la figura del curador como alguien que trabaja en los márgenes. Como alguien que, en realidad, en lugar de tener que administrar sentido, lo que hace es dislocar sentido. Me interesa la idea del curador -básicamente- como aquel que disloca específicamente el cuerpo mismo de los enunciados, y que tiene en claro que no hay una pretensión dogmática de crear un determinado principio de autoridad. Básicamente, la idea de la práctica curatorial como aquellos que trabajan en el campo de los agujeros, en el campo de los umbrales, en los pliegues, que no fija objetos.

Ahí aparece otro tema que para mí es fundamental, que es la idea de que el campo de batalla se haya abierto alrededor de la práctica curatorial y que en parte mencionaba Andrés (Duprat) con "los curadores bobos", tiene que ver justamente con esta cuestión del funcionamiento de la práctica curatorial como un campo de batalla al que tratan de ingresar los críticos, los investigadores, los artistas, los coleccionistas, los periodistas de arte, etc. simplemente porque la práctica curatorial hoy es el único campo reconocido por el sistema artístico como el lugar en el cual se dirime la autoridad. Lo que no tiene nada que ver con la idea del autoritarismo curatorial, que es otro campo de discusión y es otro problema. Evidentemente, sí es cierto que la producción artística, tanto en lo institucional público como en lo institucional privado, ha delimitado y ha creado un campo de discusión que tiene al curador como figura central, donde lo que se está discutiendo es específicamente la autoridad epistemológica que tiene el curador para dar sentido o no a la producción artística, tanto hablemos de lo contemporáneo como hablemos de lo histórico. Hay un punto en el cual todo eso se junta.

Para ir cerrando, quiero simplemente marcar la idea del acto de exponer, que debe ser considerado como un acto discursivo, que en realidad, lo que propone, son nuevas costuras y trabaja siempre sobre tachaduras. La idea de la práctica curatorial como inscripción, se trata de una acción que actúa simultáneamente en el campo físico, social y simbólico. Lo que hace, es poner en juego unidades diversas; básicamente construye relaciones, abre un conjunto de posiciones subjetivas posibles, pero no es la que confiere lugar ni al espectador ni al objeto artístico. De la misma manera en que la práctica curatorial no determina identidad, sino que aloja relaciones de identidad, que es algo diferente. En esta numeración, para mí uno de los puntos centrales tiene que ver con el lugar común de suponer que las exposiciones son productos terminados, y en realidad la exposición es siempre es un proceso. Por lo tanto, solo se puede entender la práctica curatorial si tenemos en claro que toda exposición es un proceso. Es algo que está ocurriendo, toda exposición implica fundamentalmente: conectar, relacionar, organizar, interpretar, explicar y describir a la vez.

Y que toda exposición, por definición, deja cosas afuera, que es uno de los puntos fundamentales de discusión en la rencilla de poder doméstica entre curadores y artistas. La idea de que toda exposición, de la misma manera en que la idea de que la práctica curatorial construye una historia fija, es lo que finalmente hace abrir los puntos de fricción entre artistas y curadores, suponiendo que cada exposición, lo que hace es siempre elegir quien está adentro y quien queda afuera. Olvidándonos de que en realidad, todo proceso de escritura siempre implica necesariamente -y lleva por condición-- la idea de dejar afuera. De dejar afuera y cualquier intento de descripción completa es absolutamente fraudulento, tanto en el campo de la práctica curatorial como en el campo de la historia.

Por otro lado, quiero insistir y remarcar que toda exposición es siempre una demostración pública, por lo tanto, siempre va dirigida a una segunda persona. La manía autista de los curadores se suma como uno de los elementos que más estragos hace en el campo de la producción, y que en el caso especifico de la práctica curatorial como una narración, lo que se incorpora como elemento fundamental que distingue a esta narración de otras narraciones, es justamente la idea del mirar. No olvidarnos que en el campo de la práctica curatorial, el elemento clave sobre el cual nosotros estamos articulando el trabajo es sobre el tema de la mirada. Y poder abrir, entonces, el debate sobre algo que en realidad en el campo del psicoanálisis, la sociología y los estudios culturales se ha discutido hace tiempo pero en el campo de los artes sigue siendo todavía bastante problemático, que es que la mirada es parte de una construcción cultural. La idea de que, justamente, la mirada se construye, y la práctica curatorial debe estar articulada en esa noción de la mirada como algo que se tiene que construir a lo largo del tiempo.

Lo que quería era dejar planteados estos items, y el ejemplo del que iba a hablar (que ya no hay tiempo ahora) era la muestra "Cantos Paralelos" en la que participé en el año '99, que fue una muestra de arte argentino contemporáneo realizada en Austin [Texas, EE.UU.], y después se mostró en Phoenix [Arizona, EE.UU.], y en la biblioteca Arango en Colombia, con nueve artistas argentinos. Quería tomarlo como ejemplo, pero bueno, ya estoy dentro del tiempo, así que cualquier cosa, después en el tránsito del debate, podemos hablar sobre el tema de Cantos Paralelos. Gracias.
(aplausos)
 
     
 
ARRIBA     PROXIMA