"Arte y educación artística: enemigos naturales?"  
 
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  Carolina Antoniadis  
  Bueno, un poco yo quería hablar de los temas, no? De la experiencia que fue la educación para mí, que en realidad, siempre estuve en ámbitos bastantes diferentes. Pasé por todos los estadios de educación, desde que fui maestra de jardín de infantes, de artes pláticas, hasta en la universidad, así que más o menos conozco todo el proceso. Además fui docente de instituciones, y de enseñanza privada, también, y en mi taller particular.

Lo que sigo sosteniendo hoy, es que es un proceso vivo, por eso me gusta la educación. Porque de alguna manera, cuando empecé a dar clases, me hice la misma pregunta: cómo se enseña arte? Y quizás hoy me lo siga preguntando. Todos los años me encuentro con un grupo diferente de alumnos, y realmente, todos los años se replantea el tema, o me lo replanteo yo. Por qué lo hago, cómo lo hago y para qué lo hago.

Bueno, la formación mía fue nefasta. Soy egresada de la escuela de Bellas Artes, Prilidiano Pueyrredón, y cuando empecé a dar clases, justamente lo que pensé es que no iba a hacer nada de lo que me enseñaron, porque me parecía que no me había servido para casi nada. En ese momento, yo entré en la escuela en los años '80, o sea, la mitad de la carrera, la estudié con el proceso militar. Teníamos todo bastante restringido, pero de una manera muy tácita. Por ejemplo, en las clases de dibujo, un compañero mío, tenía un libro de Paul Klee. Entonces, pasó un profesor de dibujo, que era muy académico, y dijo: "cuidado con esas lecturas peligrosas". Año '80, Paul Klee! O sea, imagínense cómo era formarse. Mitad de la escuela, en este proceso, era un momento politizado. O los que actuaban en política no pintaban, y los que pintaban eran unos, como podría decir, rompehuelgas, de alguna manera. Así que fue difícil adoptar una actitud; si uno pintaba, era un acto burgués, y si no pintaba, no tenía experiencia. Ya era conflictivo.

Bueno, de toda esa experiencia, de pedagogía, me enseñaron textos de Margaret Mead. Margaret Mead era una antropóloga, y nos ensañaban en ese momento un texto que era "Adolescencia en Samoa". Mi hermano es antropólogo, y hace poco me contó que cada cincuenta años se revisan las corrientes, o sea, todo lo escrito por los antropólogos. Descubrieron que Margaret Mead nunca había viajado a Polinesia, entonces no hablaba la lengua, entonces, invalidaron todas sus técnicas. Con la cual decía que los adolescentes deberían tener absoluta libertad de acción, y qué sé yo. En pedagogía siempre nos enseñaban en ese momento la ocasión para el arte. Esto significaba que cualquier gesto era algo valioso. Por lo cual, yo me preguntaba, todos los resultados eran una especie de informalismo, de automatismo exacerbado. Bueno, de alguna manera me replanteé si realmente no debería uno tener como una especie de patrón para la enseñanza. Porque en realidad, mi experiencia de taller había sido que los profesores pasaban, daban una vuelta y decían, poné rojo, poné verde, y nada más. No había ningún tipo de ubicación en cuanto a que uno tuviera este camino personal, pero nadie le explicaba a uno cómo se obtenía un camino personal. Y realmente, por ensayo y error, uno nunca llega a mucho, o son los complementarios, o es tirar materia, materia sobre un papel.

Mi gran experiencia empezó cuando se abrió la carrera de indumentaria y textil, y yo fui convocada -en este momento no hubo egresados- como ayudante en diseño. Y ahí creo que empecé a aprender yo, no? Cuando empecé a ser docente en la universidad. Porque bueno, aprendí una metodología, o sea, una manera sistemática de enseñar. Para mí fue muy valioso el pasaje por la universidad; di clases once años en diseño de indumentaria, que también tiene sus cosas. En el caso del diseño, es tan pautada, que a veces se deja de lado la poética personal. Como yo simultáneamente daba clases en la Pueyrredón y en la Universidad, siempre dije que era una especie de espía, porque llevaba información de un lado al otro. En diseño, trataba de lograr que la gente se poetizara de alguna manera, y en la Pueyrredón, que tuviera un pensamiento más sistemático. Creo que el ideal de la educación es ese. Sería mezclar un curso donde estuvieran el diseño y el arte simultáneamente. Me parece que es así, digamos, para mí. Esto bueno, obviamente, es una teoría que fue a través de mi experiencia personal, no?

Este año decidí dar clases en diseño porque también hay un contexto. Siempre la educación va unida a un contexto social, cultural. Lo que me pasó con diseño es que la crisis social hizo que en estos diez años cambiara mucho el tipo de alumnado. Hace unos años, venía la hija de, no sé, de una señora que cosía, y también otra gente que tenía acceso a mucha información, y este público fue cambiando. Entonces, se hizo como muy elitista y muy específico. Y de alguna manera, dejó de interesarme. En la Pueyrredón, todavía, por suerte, y es lo que rescato bastante de la escuela y de la enseñanza pública, es toda la mezcla de experiencias que trae la gente, de distintos circuitos sociales y culturales, que es absolutamente enriquecedor. Creo que mi formación, al haber pasado por la escuela de bellas artes, fue eso. Porque bueno, teníamos un compañero muy militante político, otro que vivía en Lomas de San Isidro, o sea, era muy rica la experiencia de cómo cada uno tenía una concepción distinta del arte y de la cultura.

En el taller privado, por ahí, es otra intensidad. A mí lo que me pasa como experiencia es que logro en la institución, o sea, en la Pueyrredón, que incluso nadie sepa qué es lo que yo pinto. A veces, el gran tema es que los alumnos se parecen mucho a los docentes. Uno, a veces, se da cuenta, y otras veces, no. Es difícil de dominar el tema, porque es muy violento decir: no pintes igual a mí. Es muy difícil llegar a esa instancia. En la Pueyrredón es más fácil porque bueno, en este caso, en este año por ejemplo, tengo treinta y ocho personas, y mucha gente ni sabe qué es lo que hago yo como producto artístico. Además, porque siempre trabajo en equipo, que es otra cosa en la cual creo muchísimo. Armé un equipo, que en general, son ex-alumnos, que bueno, conocen la manera en la que trabajo, y ellos vuelven a ser ayudantes también. Es muy enriquecedor para mí, porque es una manera también, de darme cuenta o tener como una especie de control; sobre si me estoy equivocando o si no me estoy equivocando. En el taller particular, uno está solo, y no tiene tanta referencia. Para mí es mas difícil, a mí me gusta mucho trabajar en equipo.

Bueno, estos serían más o menos los puntos desde donde, de alguna manera, puedo sacar conclusiones. En cuanto a lo formal del arte, bueno, trato de estar informada y de transmitirles a los alumnos sobre el arte contemporáneo, sobre los distintos sistemas, y que entiendan que no hay un sistema. Que realmente cada alumno tiene que ejercer su propio sistema. Y eso es a través del auto-conocimiento. O sea, trato de que cada uno, por medio de distintos ejercicios, busque su experiencia personal, emociones, formulaciones, distintas experiencias que de alguna manera, van formando y conformando su producción artística. Creo bastante en eso, en el auto-conocimiento. A veces, puedo parecer una especie de terapeuta, pero no lo intento. Solamente es como trato de darles las herramientas para que cada uno reflexione sobre sí mismo, nada más. Yo creo que actúo como una guía distante de observación, nada más. Trato de no emitir juicios de valor; coincido con Juan, es muy difícil de establecer que hay valores. Trato de que eso quede de lado. Bueno, eso. No sé si me pasé de los diez minutos...
(aplausos)
 
 
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