Andrea Giunta

 
PIZZA ESCRITA




Para León Ferrari



Ingredientes:

1 masa de pizza
100 grs. de rúcula
2 paltas medianas
5 portobellos
30 Tomates cereza
Aceite de oliva
Queso fundido bien caliente
Una jarra
Un paraguas

   

Preparación:

Sobre la masa de pizza se disponen en hileras concéntricas las hojas de rúcula, los tomates enteros, la palta cubeteada en dados y los portobellos rebanados en fetas, dejando vacía una franja central entre la palta y los portobellos. Todo se cubre con un toque de aceite de oliva. El secreto de esta pizza radica en la distribución del queso que sugerimos hacer en el diseño de un círculo cuyo diámetro no exceda la mitad del de la pizza. Para esto es imprescindible montar un dispositivo de distribución del queso, que proponemos hacer con un paraguas de papel colocado en la mitad de la masa. Sobre éste se lanzará, con una jarra, el queso derretido, comenzando por el centro, para que el lácteo resbale lentamente por la pendiente del paraguas y se desplome sobre la pizza bañándola en el límite de un circulo homogéneo (o espacio topológico). Es importante el punto, el grado de fundición del queso, que debe deslizarse en forma veloz y precisa. Un queso que no alcance tales condiciones encierra varios peligros. El más obvio es que nunca llegará a la masa que espera por él. Sin embargo, no son menores las consecuencias que podrían derivar de masticar un queso que, en lugar de deshacerse en hilos antes de deslizarse por el paladar y la lengua, quede pegoteado y agarrotado entre los dientes.

El secreto placer de esta pizza radica en su atractivo visual, en sus exaltados contrastes de complementarios, en las pausas de los verdes desaturados de la palta y en los intensos enfrentamientos de valores que se logran, precisamente, en el punto de colisión entre el queso y el portobello.

Para apreciar la variedad de sabores que ofrece este plato pueden usarse dos procedimientos: devorar la porción de pizza de un solo bocado, mezclando todos los gustos y texturas en la boca, asumiendo el riesgo de un atragantamiento -con la consecuente asfixia y/o daños cerebrales- o avanzar lentamente sobre la superficie, para detonar en nuestra mente la libre asociación de aromas y sabores. En este último caso es particularmente estimulante apreciar el contraste entre la pastosidad de la palta y los pequeños tomates cubiertos de aceite estallando entre nuestros dientes.

 
Sugerencias:

Sometida al juicio de expertos en la disciplina surgieron algunas opciones y observaciones que consideramos importante incluir:

1. No calentar toda la pizza, sino solo el queso, dejando que la rúcula y, sobre todo, la palta, conserven su temperatura natural.
2. Eliminar el paraguas antes de comer la pizza
3. Jamás tragar los tomates enteros.

 
Dr. Andrea Giunta
U.B.A.