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Inauguración:
viernes
2 de marzo
a partir de las 20 hs.
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| la
muestra se puede visitar el sábado 3 y el domingo
4, de 16 a 20 hs.
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| El
Basilisco - Charlone 933, Avellaneda, Buenos Aires
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El
vinilo es un material tan atractivo como difícil. Parece
no alejarse nunca de la computadora que lo generó, escalable
y repetible a voluntad. Puede llegar a compartir un espacio
incómodo junto con la producción de letreros y
el diseño gráfico. Muchas veces el vinilo parece
ser uno de los medios del arte que más necesita de un
contexto sensible y de una recepción particular para
elevarse.
Podríamos decir que el uso del vinilo para comunicar
una obra de arte es una elección bastante específica,
y esta muestra explora cómo reunir una serie de piezas
hechas con vinilo subraya esa especificidad. El interés
de la muestra, en parte, radica en ver qué pasa con la
transmisión del contenido de cada vinilo, cuando es uno
más en una sala llena de obras de vinilo, con todos los
correlatos imprevisibles y resultados interesantes que se van
a generar.
El Basilisco funciona en una clásica "casa chorizo".
Un espacio grande y vacío con paredes blancas donde aún
se percibe un toque de domesticidad. Hay una inconsistencia
atractiva en tatuar las paredes de esta sala, ubicada en un
suburbio de clase obrera de Buenos Aires, con obras y diseños
de todas partes del mundo, enviados por e-mail. El mismo proceso
de enviar por e-mail y la lejanía de la producción
son importantes en cuanto enfatizan esa posibilidad inherente
del vinilo, y en cierta medida, se convierte en un tema secundario
de la muestra: la posibilidad que tienen los artistas de enviar
la obra a distancia "por teléfono", no obstante
creando obras en su propia escala, con su presencia física
completamente intacta.
La Argentina parece un lugar particularmente adecuado para esta
muestra, los muros aquí tienen una lectura más
abierta que en otros lugares. La propaganda política
se hace en letras de grandes tamaños, los nombres de
los políticos embadurnando cada pared blanca disponible,
como una forma de grafiti permitido por el estado. También
existe la cultura de los grafitis politizados hechos con esténcil,
y la tendencia de la gente a expresar su amor hacia otro con
aerosol en la paredes del barrio. A los ojos de un extranjero,
las paredes podrían parecer, hasta cierto punto, como
un territorio desregulado, donde es posible transmitir un mensaje
al público más amplio posible.
Curador: Henry Coleman, residente actual en El Basilisco (más
información) |
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