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Toda
construcción de sentido, es antes que nada, una construcción, una
actividad. Insisto sobre ese gesto primario, hacia allí conduzco mi
acción. Considero el arte como un campo difuso, en el que no puedo
más que emitir una señal débil. Lo único real, más allá de toda conjetura,
es que yo estoy ahí, haciendo cosas. Opero en ese espacio intermedio
del trabajo, mediante el ejercicio constante de estirar y achicar
los límites entre mi lugar y el lugar del otro, entre la cosa que
hace y la cosa hecha, entre lo que mira y lo que actúa, entre el tiempo
de una cosa y el de otra cosa. En fin, todas partes de una especie
de arcilla con la que busco diferentes formas.
La situación paradisíaca de poseer un tiempo, un espacio y medios
para hacer un proyecto, me deja un tanto perplejo, entonces modelo
en la pared un posible escape, o si no, una serie de ansiosas ideas
desechadas que se vuelven firme columna de sostén. Una luz que se
debilita sobre una pared, procura seguir teniendo entidad en forma
de pintura. Ésta, como un retrato fotográfico, intenta mantener la
fantasía de la permanencia. La influencia del contexto, llega adaptando
un aparato para que éste finalmente pinte unas "marinas", con agua
del riachuelo y una pastilla "Harpic" Una historia contada en fotos,
revela el proceso de generación de una obra, desde la elección de
la materia prima, hasta su configuración final. |
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